30/08/2011

31 de febrero.

De marzo a agosto y tres días después escribo. Sabiéndome entendida no más.

A vos que [nunca] pensás leer esto, te cuento cómo han estado estos meses.Te cuento que han sido muy provechosos.

Me enojé. Me calmé. Perdoné.
Bailé y me embriagué. Leí y dibujé. Besé y me acosté.
Me corté el pelo yo misma, revisé mi Facebook y pagué mi celular por internet. Tomé cerveza. Acampé en la montaña y comí queso. Mi mamá me regañó. Pasé varias noches y madrugadas sin dormir. Me dolieron la espalda y los ovarios. Llegué tarde. Fumé marihuana. Fuí al cine. Perdí mi billetera.Me gradué. No me enfermé. Me ensucié. No me bañé.

Escuché música en el bus. Pinté varias paredes. Me corté con la cutter. Se me corrió el delineador. Reí hasta llorar. Lloré hasta reír. Saqué el perro a pasear. Fuí a la playa sola. Descargué películas. Fuí a conciertos.
Pero también he perdido el tiempo. Me preocupó el dinero. Me faltó el dinero. Mucho.

En medio de todo esto terminé siendo una mentira que perdura en el vacío. Y todo parece vivido en un día. Dije mentiras.





Y sangré.