31/08/2009

Lo que escribió un amigo.

Fragmento sobre una reseña acerca de la exposición "Complexiones".

...Al final de cuentas ¿qué tan distinta de otras máquinas simples como un sacacorchos o un candado? Podría llamarse una máquina de enlatar cerebros por ejemplo.
Digo, si uno se queda en la interpretación 'susanita' de la cuestión. Pero me parece que hay otras cosas que decir sobre las muñecas más allá de pintarlas como formas de socialización. Había al menos dos. Algo que podría llamarse la anti-nostalgia de la niñez, yo creo que hay toda una época temprana de la vida en la que pasamos amarrados a una serie de apariencias que nos dan sentido y nos acostumbran a las cosas y veo que mucha gente confunde esto con alguna rara idea de libertad total basada en la inocencia y la ignorancia del mundo. Y bueno pues no había nada inocente en esos cuadros y mas bien a veces se revelaba tal vez el acto más certero de un niño frente a un muñeco, que es el de desmembrarlo en pedazos. Y te lo digo yo que de pequeño tuve toda una colección de soldaditos de plástico a quienes sometí a las más variadas situaciones extremas y actos de tortura no contemplados en la convención de Ginebra.

La otra cosa, que no se si está relacionada o que, es una doble función de la muñeca, como objeto y como prolongación de la persona -de la niña, creo, en este caso-. A veces al controlar las muñecas termina mas bien hablando por ellas, proyectándose en su situación, y borrándose del lugar.
Si pensamos en eso, entonces la dimensión grotesca de la muñeca se vuelve más evidente (en el sentido aquel de lo grotesco como sacar del contexto partes inconexas del cuerpo y transformarlo, no se si es una buena definición, pero algo había leído en un libro de Bajtin, muy bonito por lo demás), y me parece recordar la colección de muñecas de mis hermanas, donde no faltaban cabezas sueltas y cuerpos decapitados y creo que hasta una pierna ahí donde normalmente se esperaría encontrar un brazo. Y aquí nada más como para crear polémica (como si hubiera necesidad) me atrevería a afirmar que la señal más clara de la infancia es la normalidad con la que mutilamos nuestros muñecos, cuando todo esto nos comienza a parecer un horror pues es que -"lamentablemente"- nos estamos haciendo grandes. Me recuerdo un poco del personaje aquel del libro ese 62/modelo para armar, que termina en la cárcel por esconder objetos de dudosa calidad moral dentro de las muñecas que fabricaba. Claramente las escandalizadas eran las madres y no las niñas sujetas a la pesada broma.

... Creo que los recuerdos los medio inventamos, medio descubrimos a partir de lo que nos parece ver a través de ese cristal empañado, tan tan amarillo.



Antonio Jara.

26/08/2009

Mucha estima que no entiende.

Una no elige a la familia sanguí-nea dicen por ahí. Al nacer no podés escoger a las personas con las cuales te tocó compartir el lugar donde habitás. Y es de eso que al llegar llamás para que vengan a verte, como si fueras la mayor gracia que ha parido este mundo.

También dicen que se les presta más cuidado a las personas cuando son pequeñas.

De cierta forma se les debe brindar esa atención porque la necesitan y la reclaman con vigor.Sin embargo, en tiempos posteriores no se tiene la paciencia para andar rogando que te vuelvan a ver a cada rato.

Un adolescente disconforme diría que lo dejen en paz, quiere hacer lo que le plazca. -Está llamando la atención como buen arquetipo de joven rebelde- dijo. Lo que sucede es que durante toda nuestra vida existe un cordón umbilical impalpable que nos ata a ese otro ser que un día

abrió las piernas para que saliéramos a respirar.


Uno de esos días digo en voz alta:

-va a venir conmigo verdad?

- ok voy a pedir permiso, pero usted sabe como estoy de trabajo; yo no voy a jugar!

- sería bonito que fuera. Se puede quedar sólo un ratillo.

- a que hora es? qué tirada!